18 de julio de 2014

Motivos para proseguir con la lactancia materna más allá de unos pocos meses


La bloguesfera sobre lactancia desborda de información sobre los errores más frecuentes que conllevan al fracaso de la lactancia materna y cómo prevenirlos y solucionarlos.
Las estadísticas de lactancia en España nos informan de que el 80% de las madres salen con el niño al pecho del hospital porque desean dar el pecho, pero al tercer mes, las mujeres que dan lactancia natural a sus hijos no llegan al 40%, mientras que en países como Noruega el 80% de las madres consigue haber dado LME hasta los 6 meses, edad recomendada para iniciarse en la introducción de sólidos.
En España las madres lactantes "se van quedando por el camino" y la mayoría no consiguen las expectativas iniciales (ni siquiera llegan a dar LME hasta que se reincorporan al trabajo porque la mayoría no llega a los 3 meses). Cuando se les permite hablar con sinceridad la mayoría de las mujeres confiesa que les hubiera gustado dar el pecho más tiempo pero que las circunstancias se lo impidieron: trabajo, "falta de leche", lactancia mixta, dolores, agobios...
Abunda el pensamiento del estilo "yo lo he intentado pero si no pudo ser, no pudo ser; total, dos meses de lactancia están fenomenal y son más que suficientes, y las leches de fórmula de ahora están muy mejoradas y mi hijo no se ha puesto enfermo jamás".

En los cursos de preparación al parto se habla mucho de las bondades de la leche materna (que si los niños enferman menos, etc etc) pero parece que una vez que la madre ha dado un poco el pecho, ha vivido la experiencia, ya sabe cómo es y el niño ha tomado un poco de leche materna, la madre ya ha cubierto el expediente y puede empezar a dar biberón de fórmula al niño, "como se ha hecho toda la vida" antes de que esas fanáticas naturistas intolerantes vinieran a presionarnos con su obsesión por la lactancia prolongada...

Aparte de etéreos argumentos médicos que a la mayoría les importa un bledo ("pues nosotros nos hemos criado a biberón y no nos ha pasado nada, y a mi hijo le doy biberón y está más gordo y no se pone enfermo en la guardería"), se invierte poco tiempo en explicar qué narices tiene de bueno para la madre proseguir con la lactancia materna más allá de unas pocas semanas, así que por si a alguna le sirve de motivación, voy a enumerar las razones por las que es ventajoso proseguir con la LME e incluso llegar a una lactancia prolongada más allá de "haber cubierto el expediente".

1.La lactancia materna produce beneficios en quien la recibe tras, y a largo plazo
Los estudios clínicos que comparan los efectos sobre la salud de la alimentación con leche humana versus leche artificial encuentran beneficios para los lactantes alimentados de forma natural, pero cuando la lactancia es prolongada (los famosos 6 meses de LME que recomienda la OMS, seguidos de lactancia y sólidos complementarios hasta el año, y después idealmente hasta los dos años e incluso más).
Dar el pecho unas pocas semanas o meses es mejor que nada, pero tiene poca incidencia a largo plazo sobre la salud del bebé o de la madre.
El pensamiendo de "nah, ya con el calostro y eso algun anticuerpo le habrá llegado al niño y ya se me pondrá menos malo" demuestra que ni se entiende el potencial inmunológico de la leche materna ni se comprende en profundidad en qué radica la superioridad nutricional de la leche materna sobre sus sucedáneos.
Los que se hayan iniciado en la lactancia materna buscando el bienestar de su bebé deben saber que no basta con el típico "mes o dos con biberones de leche de fórmula de tanto en tanto".
El famoso "regalo para toda la vida" del que habla Carlos González es un regalo que se va entregando a plazos durante mucho tiempo.

2. Satisfacción por el trabajo bien hecho.
El sentimiento generalizado en las madres tras una lactancia próspera es de orgullo y tranquilidad por "haber hecho las cosas como naturalmente tienen que ser", y seguramente se atesoren bellos recuerdos de lactancia que acompañarán a la madre de por vida. Ninguna madre lactante que haya tenido problemas oculta sus baches, pero el balance final suele ser muy positivo.
Los casos de "superviviencia" a "lactancias heroicas" (lactancia en diferido, relactaciones, mastitis recurrentes) y otra serie de problemas graves son especialmente meritorios y es comprensible que quien los supera se pavonee un poco.
"Quedarse por el camino" puede conllevar a sentimientos de espinita clavada, de lástima por haber destetado antes de tiempo, incluso de culpabilidad. Hay mujeres que atraviesan incluso depresiones postparto causadas por la frustración de los deseos de lactancia (que no deja de ser un instinto primario).
Estos sentimientos pueden aliviarse mediante la repetición de mantras tranquilizadores:  "tampoco hay ninguna necesidad de estar todo el día con la teta fuera como una vaca", "así el padre pudo dar biberones por la noche y yo dormí mejor", "el pobre se quedaba con hambre porque yo tenía poca leche, es mejor así", etc, y el más común: "la leche de fórmula de hoy en día está tan perfeccionada que total, el niño va a estar igual de bien".
Por supuesto, siempre hay mujeres a las que les importa un pimiento no haber tenido una "lactancia de libro", pero las estadísticas indican que los sentimientos de frustración por no haber cumplido cumplido las expectativas iniciales de duración de la lactancia o haber tenido lactancias angustiosas son muy comunes. Y la lástima es que la mayoría de ellos podían haberse evitado con mejor educación prenatal, concienciación social y mejor formación del personal médico que aconsejó a la madre.


3. El mejor analgésico y la medicina que mejor entra
¿El niño se ha caído y llora desconsolado? ¿Le han tenido que poner una inyección o sacar sangre y le ha dolido horrores? ¿Tiene dolores y está inconsolable, incluso escupe el chupete? ¿Tiene vómitos o diarrea y lleva horas y horas sin querer probar nada sólido?
Teta, teta y teta.
La teta post-trauma es un conocido remedio anestésico y analgésico contra dolores y lloros, disponible y sin contraindicaciones.
Una madre que esté preocupada porque su hijo está enfermo y no ha comido nada sólido durante días puede estar tranquila si le da teta porque casi todos los bebés enfermitos toleran bien la leche materna, y la aguantan un poco mejor en el estómago. La leche es un alimento completo y nutritivo y si es materna contiene componentes beneficiosos a nivel inmunológico y digestivo. Aunque el niño vomite todo lo demás, con la leche materna no se va a quedar desnutrido y mejorará más rápido de un trastorno digestivo.
Y la teta de mamá es taaaaan relajante durante la convalecencia...
La madre por su lado también va a tener menos sentimientos de impotencia ya que puede hacer "algo más" que esperar a que se pase el mal rato y hagan efecto los demás medicamentos.

4. Control de masas
Muy necesario para madres múltiples, que tienen que hacer frente a rabietas a duo, peleas frecuentes, momentos de mal comportamiento sinérgico y crisis de llanto múltiple a diario.
Con la teta, los niños en estado nervioso se resetean y vuelven a su configuración de angelitos habituales. Se quedan relajados y se les pasa el momento de crisis. El sol vuelve a salir y la dinámica familiar vuelve a funcionar.
La alternativa es intentar atajar la crisis mediante algún otro sistema que casi siempre implica más trabajo, paciencia y cansancio.
Con frecuencia el padre de mis hijos resopla porque, después de haber estado durante horas luchando contra la histeria gemelar, llego yo y con 5 minutos de teta los dejo suaves como el terciopelo.
Si alguien tiene un mecanismo mejor para sobrellevar con felicidad una crianza múltiple por favor que lo patente.

5. Tentempié siempre listo
Si el bebé es pequeño, da igual que nos quedemos encerrados con él en un ascensor, o atascados durante horas en la autopista, o que unos amigos nos enreden para quedarnos hasta muy tarde, que no encontremos un bar abierto o que nos pille el huracán Katrina. La teta no se acaba, no hay que comprarla, no se cae al suelo, no hay que calentar ni mantener estéril ni refrigerada.
Si el niño ya es mayor y come otras cosas, puede utilizar la teta como tentempié mientras llega la hora de comer, o para ir aguantando porque no hay posibilidad de darle otra cosa por el momento. Nos ahorramos llantos y que coma entre horas comida basura..
Es un as en la manga en casos de percance o ausencia demasiado larga de casa lejos de otros alimentos.
Por otro lado, a partir de los seis meses, aunque el niño muestre apetencia por otros alimentos y podamos darle otras cosas, sigue necesitando lácteos (el equivalente a medio litro, recomiendan). ¿Para qué "liquidar" el lácteo original si las alternativas (leche de fórmula de tipo II o leche de vaca) no dejan de ser sucedáneos? El lácteo original sigue siendo mejor (y gratuíto). La leche de vaca sólo aventaja a la humana en que se puede cuajar y hacer queso con ella, en nada más.

6. La lactancia "no es eso"
Entiendo perfectamente a las madres que se agobian y destetan antes de los tres meses porque no se ven capaces de aguantar la situación que están viviendo: angustia constante de pensar que la leche es insuficiente, presiones constantes del entorno para dar biberones de refuerzo, pezones irritados cuando no heridos, pechos turgentes hasta el dolor, goteos inesperados, tomas nocturnas cada dos horas, picos de demanda, lloros al pecho...
Se piensan que toda la lactancia va a ser así siempre y se rinden, eso sí, "admirando mucho a las que dan el pecho", como si fuéramos unas mártires que soportan sufrimientos inenarrables.
Pero a partir de los tres meses la situación cambia: la producción se regula, la demanda se estabiliza, los pechos vuelven a su estado previo al embarazo, los pezones están curtidos, la madre tiene más confianza en el amamantamiento...Comparado con el primer trimestre, la lactancia se vuelve una balsa de aceite y los problemas que surgen (como los mordiscos), se suelen sobrellevar mejor. La teta se vuelve menos alimento y más cariño, confort, confianza, consuelo...para el bebé, y la madre empieza a apreciarla también como vínculo.
La lástima es que las que no llegan a vivir la parte dulce de la lactancia vayan "asustando preñás" con sus malas experiencias.

7. Consuelo de madres trabajadoras
Lo ideal sería vivir en un mundo donde una mujer puede criar cómodamente a sus hijos sin que suponga un techo de cristal para su carrera profesional ni la discriminen en el trabajo a su vuelta de la baja maternal, pero eso no es así.  Y si una madre renuncia del todo al trabajo para cuidar a sus hijos debe saber que cuando haya una crisis, o despidan al marido, o le bajen el sueldo, o ella no pueda encontrar otro trabajo cuando quiera volver a trabajar, o se quiera separar de una mala pareja, no va a venir ningún promotor de la crianza con apego a pagarle la hipoteca o el alquiler.
La sociedad educa a las mujeres para que se sientan miserables y culpables por no estar más tiempo con sus hijos (a los hombres se les disculpa siempre y cuando traigan un sueldo a casa). Al menos la teta tras la vuelta del trabajo es recibida como agua de mayo por el niño y es un reencuentro bonito, una compensación y un momento de descanso, cariño, comunicación, caricias...y merienda.
Lo que pasa es que según el tipo de trabajo que se desempeñe y el momento de la reincorporación, extraerse leche en el trabajo para que no se pierda la lactancia puede ser peliagudo. Llegados a este punto es donde otro porcentaje de madres se quedan por el camino y no intentan compaginar lactancia y trabajo.

8. Sin traumas
Igual que hay gente concienciada de que el método Estivill es cruel para los niños, aunque "funcione", el destete drástico decidido unilateralmente por la madre no es plato de gusto para un bebé pequeño. El destete natural suele ser progresivo, y por lo general espontáneo superados los dos años de edad. Lo ideal es que, aunque la madre ponga de su parte para ofrecer cada vez menos teta pasados los meses de LME, sea el niño el que un buen día diga  "ya no me interesa", o la madre promueva el cese de la lactancia cuando el niño realmente ya casi no hace tomas de teta y necesita ese consuelo muy poco. Con el destete natural hay menos lloros del bebé, menos sentimientos de culpabilidad en la madre y menor dependencia de sucedáneos de succión (chupetes) que pueden llegar a costar mucho de quitar.

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¿Os parecen pocos los motivos para seguir con la lactancia materna más allá de unos pocos meses?

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