No puedo ofrecer estadísticas fiables, pero me da la sensación, cuando hablo con otras madres de gemelos, de que hay una relación entre haber vivido una crianza infernal ("sufrí más que Cristo en la cruz", me llegó a decir una), con haber dado biberón (a veces tras un tiempo de lactancia mixta) y no colechar. Yo en cambio he disfrutado de la crianza de mis dos cachorritos, se me ha hecho mucho más llevadera de lo esperado y lo atribuyo en gran medida al colecho y a la lactancia materna, que facilita mucho las cosas.
Ya dije en un post anterior que cuando una quiere dar el pecho a gemelos, el colecho me parece la mejor manera de sobrevivir a las noches, porque evita que la madre tenga que levantarse de la cama, dar la luz, e incluso abrir los ojos.
Pero las noches gemelares, pese al colecho, siguen teniendo su truco y requieren de paciencia "múltiple" (cuando las madres "únicas" se quejan de sus noches, a veces me dan ganas de darles una colleja y que vivieran una noche cualquiera de las que tenía que pasar yo...).
Voy a explicar, por si me lee otra madre múltiple buscando ideas, como me las apañé yo los primeros meses (a mis hijos, de casi 14 meses a fecha de hoy, ya los tengo destetados por la noche, que no por el día).
El cojín de lactancia por la noche
En mi caso el primer mes estuve sincronizando a los gemelos en las tomas de día y de noche. Les daba las tomas simultáneamente, usando un cojín de lactancia cuadrado fabricado por mí misma a imitaciónde los comerciales.
Dar las tomas simultáneamente significa que la teta se da "a demanda"(comme il faut) del gemelo más hambriento y "a oferta" para el segundo gemelo. Es decir, que cuando uno de los angelitoss pedía, aunque el otro estuviera dormido o distraído, me los ponía al pecho a los dos al mismo tiempo. El gemelo hambriento mamaba, es evidente, y el otro también (y poco importa si lo hacía con menos ímpetu) porque ya lo dice el gran Carlos González, que "la teta es como el jamón de jabugo: poco importa que tengas poca hambre, si te lo ofrecen, siempre comes". Jamás en todas las tomas me encontré con la situación de que el gemelo menos hambriento rechazara mamar: siempre vaciaba su pecho. Lo único que sucedió es que el bebé que solía ser menos vehemente pidiendo (el Angelito1) engordó meteóricamente debido a que comía al mismo ritmo que el pedigüeño Angelito2 (alias "el barracuda").
Las tomas se sucedían cada dos horas más o menos.
Por la noche el primer mes también simultaneaba las tomas.
Mi colecho consistía en que yo estaba con los angelitos, uno a cada lado, en la cama de matrimonio (y el padre en tándem o en otra habitación, por roncar: dar el pecho a gemelos de noche y aguantar ronquidos ya superaba mi umbral de tolerancia). El cojín de lactancia y las mantas y cojines supletorios para poner a los pequeños "a la altura" los tenía cerca. Cuando uno de los angelitos pedía de noche, me incorporaba, me colocaba el cojín y a los gemelos en posición de rugby, aunque ello supusiera despertar a uno.
Aquí habrá madres que piensen que eso es cruel y que se les parte el alma si les toca despertar a un bebé para comer, pero no recuerdo que jamás de los jamases el gemelo menos hambriento llorara y se quejara por haberle despertado, si de lo que se trataba era de tomar teta: comía dormitando hasta quedarse frito de nuevo.
Para ponerme el cojín de lactancia tenía que encender la luz, o bien dormir con una luz ambiental muy tenue.
Además, muy peripuesta yo, escribía en el libro de tomas que recomiendan para los gemelos, en el que relataba la hora de toma, la duración de la toma y el pecho al que ponía a cada gemelo (porque a veces repetían y a veces les cambiana, y quería ver si había diferencias), así como otras observaciones.
Ya hablaré en otra entrada sobre si es útil o no es útil escribir un libro de tomas de gemelos los primeros meses. El caso es que para escribir también necesitaba la luz.
Mientras daba el pecho con el cojín tenía que estar sentada en la cama pero intentaba ponerme cojines para estar cómoda y dormitar, aunque a veces ese rato me lo pasaba despierta disfrutando de la ternura de mis bebés (aiiinnns quien lo volviera a vivir) o grabándoles los ruiditos (tosecitas, ruiditos de succión) con el móvil (qué frikismo, ¿verdad?).
Acabada la toma los bebés quedaban fritos, yo desmontaba el chiringuito y los volvía a colocar en su sitio a dormir, y sólo alguna vez les tenía que dar tumbada un poco más para que se durmieran, si les había molestado mucho el cambio de posición. Como el primer mes los bebés duermen como troncos, no recuerdo que hubiera mucho jaleo con esto.
Yo lo hice así y la paciencia me duró alrededor de un mes. El calor que da el cojín de lactancia, junto con la parafernalia de tener que incorporarse para ponérselo, colocar varias mantas y cojines supletorios, estar con una luz encendida y toda la pesca, pudo conmigo y a partir del segundo mes recurrí a la técnica que utilizan la mayor parte de madres lactantes múltiples por la noche: el "vuelta y vuelta".
Técnica del "vuelta y vuelta"
Cuando decidí mandar el cojín de lactancia más lejos que las nubes (y casi me planteé quemarlo), me limité a desincronizar a los gemelos por la noche (por el día no porque la sincronización supone un ahorro de tiempo grande). Esto sucedió cuando tenían apenas dos meses, ya habían pasado un par de brotes de crecimiento, y las tomas eran más o menos constantes en número y de duración moderada.
En el vuelta y vuelta la madre simplemente da el pecho tumbada al gemelo que lo pida y que tiene a su lado. Cuando pida el otro se gira para el otro lado, y así toda la noche. Idealmente hay que dar el pecho que queda más cercano a la cama, porque de esta manera se tuerce menos la espalda, pero luego cada mujer hace lo que le conviene más, en función de lo que cuelgue su pecho, del tamaño del pecho, de como se agarre el niño, o de la posición que ella encuentre más cómoda ("Lactancia y espalda" puede ser el título de otra entrada).
Entre estar de un lado y de otro hay un espacio de tiempo de desincronización que hay que intentar ajustar para que sea el menor posible pero sin solapamientos, a fin de que la madre tenga más rato de descanso entre tomas y que la toma sea gemelo1+gemelo2 muy seguido.
El desfase de hambre nocturna entre mis angelitos sería como de 15-20 minutos (suficiente para que el primero acabara la toma a esa edad y yo girarme para darle al segundo). Mis angelitos eran bastante matemáticos, hasta el punto de hacerme idea de la hora por las tomas, pero si esto no sucede así habra que ajustar el método.
Yo les dormía a la teta por turnos, y el padre se encargaba del último (si estaba muy cansado se dormía en brazos del padre, pero no siempre se mantenía así cuando tocaba trasladarlo a la cama).
En esta fase mandé el diario de tomas a tomar por saco porque ya no tenía sentido mantenerlo.
Ni qué decir tiene que la desincronización a veces no era perfecta y uno de los angelitos se quejaba de hambre mientras yo seguía dando al otro. He de confesar que mi pereza por no incorporarme y ponserme de nuevo una almohada o cojín para darle a los dos al mismo tiempo a veces provocaba que la situación acabase en pifostio, con uno de los angelitos reclamando teta y el otro armando espolio si se la quitaba demasiado pronto. En estos casos la participación d l padre para calmar a uno de los gemelos hasta que le toque el turno es crucial.
Llegué a probar posturas insólitas para dar de mamar a los dos al mismo tiempo estando yo tumbada, pero si el tamaño de sus cuerpos no lo permite, hay poco que hacer (ya hablaré de posturas en profundidad en otra entrada, porque dan risa). Pero es que es indudable que las noches con múltiples pueden ponerse duras.
Chupar por chupar
Con el paso de los meses la reducción del tiempo en cada toma facilitaba
la situación, pero seguían produciéndose eventuales episodios de crisis
por "coincidencia gemelar" (agravados por mi pereza de tener que incorporarme).
A pesar de todo el vuelta y vuelta supuso una liberación para mí y una
mejora de la calidad del descanso con respecto a incorporarse para
ponerse el cojín de lactancia.
Pasaron los meses y hacia los 4-6 meses los niños tienden a reducir las tomas nocturnas, a menudo suprimiendo la toma de primera hora de la madrugada, y espaciando las tomas no dos horas, sino a veces tres y cuatro horas. El récord de dormir del tirón en aquella época del Angelito1 fue de 5 horas y del Angelito2, seis horas (no me lo podía creer y hasta me preocupé, y tuve que comprobar si respiraban...). Pero fueron noches excepcionales.
Alrededor de los 8-9 meses de edad las tomas nocturnas son muy cortas y se empieza a hacer evidente que de las 3 o 4 tomas que hacía cada uno, solo una era claramente alimenticia, y las demás eran de succión no nutritiva, para calmarse y volverse a dormir entre distintas fases de sueño. Además les costaba más dormirse a la teta sin más: necesitaban mucho más rato de teta para dormirse.
Si con un niño único la gente ya se empieza a quejar de
esta situación, imaginaos con dos. Había noches con más de 12 despertares
en total, sin contar las crisis por sincronización indeseada de
gemelos. A estas edades ya se les puede dar teta a los dos al mismo tiempo estando tumbada boca arriba, con el brazo debajo de cada uno para colocarles en posición, pero a mí me daba una sensación humillante y cuando la psicología entra emn juego, hay que replantarse la técnica de lactancia.
Llegó un momento que mi malhumor era evidente, la dinámica familiar se estaba resintiendo y recurrí al destete nocturno mediante el plan Padre. Tras unas cuantas noches en las que el padre era el que se levantaba y daba biberón o brazos (ahora los angelitos se pegaban como un toffee a él), la toma de biberón desapareció por sí sola y empezaron a dormir del tirón toda la noche, solamente con eventuales despertares reclamando atención que se solucionaban con bracitos.
Eso sí, no lo voy a pintar todo de color de rosa: lágrimas ha habido porque mis angelitos son de los que les cuesta dormir: no quieren chupete, ni juguetes, ni carruseles con lucecitas, ni canciones de cuna, ni arrullos, ni movimientos...En cuanto la hamaquita y la teta desaparecieron de su rutina de dormir, necesitaron estar muy cansados para "aceptar" dormirse.
Me irritan un poco los vendedores de métodos para dormir "sin lágrimas" porque lágrimas suele haber, aunque no es lo mismo llorar solo que llorar en brazos. Cada niño es un mundo y sus padres han de buscar la solución más conciliadora con su ideología y costumbres, y adaptarse a la respuesta del niño, intentando respetar sus ritmos y hacerle llorar lo menos posible.
Lo que quiero insistir es que no es necesario abandonar la lactancia para mejorar la calidad del sueño familiar. Hay alternativas respetuosas para la teta nocturna.
Consejos tras la experiencia
Si volviera a nacer y a criar a mis hijos (ainns, volvería sin dudar a sus tiempos "de pequeñitos", pese a lo duro que pueda parecer todo...) pondría más cuidado en intentar dormirles de otras maneras aparte de al pecho, para facilitar el destete nocturno posterior. ¡¡Pero es que dormir a la teta es tan inmediato y eficaz que cuesta renunciar a esa comodidad!! Aconsejan involucrar más al padre a la hora de dormir e intentar dormirles de otras maneras (acunándoles, cantándoles...). Ya digo que los mios no querían mariconadas de esas y mis opciones se vieron muy reducidas, pero hay niños más adaptables.
Ante todo hay que entender que si acostumbras a un niño a algo bueno para él (dormirse a la teta debe ser un placer de dioses) va a costar hacer que renuncie a ello sin quejarse. No debemos impacientarnos ni culparles, y haremos acopio de paciencia y sentido común para detectar las asociaciones que se deseen corregir (teta para dormir) y sustituirlas por otra rutina respetuosa (teta en el sofá pero después a dormir con papá, o como sea).
Qué opinais, ¿pensais que lo he hecho tan mal?¿Da la sensación de haberlo pasado fatal?
Consejos prácticos y motivadores sobre lactancia natural, especialmente para madres múltiples
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29 de enero de 2014
28 de enero de 2014
Colecho y lactancia (generalidades)
Los recién nacidos hacen entre 8 y 12 tomas al día, día y noche. Las tomas nocturnas son un fastidio
para la madre, que no puede dormir de seguido, pero deseables para el niño y la lactancia.
Cuantas más tomas haga la criatura, más alimento que se mete para el cuerpo, para tranquilidad de todos. por otro lado, la demanda nocturna garantiza la buena producción de leche durante el día.
Cuando la madre trabaja y no se puede estimular el pecho cada dos o tres horas durante el día, las tomas nocturnas ayudan a mantener la producción en buenos niveles.
Pero está claro que esto de dormir intermitentemente es insostenible a largo plazo, sobre todo si la mujer tiene que madrugar para trabajar fuera de casa al día siguiente.
Quien tenga la fortuna de conciliar fácilmente el sueño, porque sea de las que caen como troncos, o porque el niño no se despierta demasiado, o el marido no ronca, podrá dormir algo entre toma y toma y a lo mejor es suficiente para estar fresca cual lechuga al día siguiente.
Pero lo normal es que la madre no tenga tan fácil conciliar el sueño entre toma y toma y sus noches transcurran en un estado de insomnio permanente, que solamente se puede aguantar gracias a la paciencia descomunal que tiene una madre. Descansar se descansa, es evidente, porque como decía mi abuelo: "la cama es como un prao: si no estás dormido al menos estás tumbao". Pero no se descansa igual que con una noche de sueño profundo.
Las noches es uno de los aspectos que peor se llevan de la crianza, y hay diferentes estrategias para amoldarse a la situación. Una, es forzar al ninñ a que duerma del tirón, aunque vaya en contra de su propio proceso madurativo y le cause sufrimiento ("método Ferber o Estivill" y subvariantes).
Otra es simplemente aguantar el tirón y despertarse las veces que haga falta para atender al niño en lo que necesite (hambre, sed, calor, frío, brazos...).
El imperio de la puericultura de influencia anglosajona ha hecho que veamos como situación normal que el recién nacido duerma en una habitación alejada de los padres (eso sí, con profusión de elementos decorativos infantiles "para que esté a gusto"). Claro, levantarse tantas veces de la cama, encender la luz, ir a la otra habitación, atender al niño , y volver a la cama, rompe totalmente el sueño de los padres y en poco tiempo resulta insostenible, si eso se tiene que hacer un promedio de tres o cuatro veces por noche. En el caso de madres múltiples, multiplicad por dos los despertares (y ya no quiero imaginarme el caso de trillizos) y el resultado será una noche infernal. Pretender sobrellevar las tomas nocturnas con el niño en otra habitación no parece la mejor opción.
Por eso mucha gente acaba rindiéndose a la evidencia de que es mejor poner la cuna o camita del niño en la habitación de matrimonio (cohabitación), al menos durante los primeros meses, aunque no todos caen en la cuenta de que para que la situación sea realmente cómoda, la cuna o camita tiene que estar anexionada lo más posible a la cama de matrimonio (colecho en tándem), o de lo contrario hay que levantarse igualmente.
Lamentablemente muchas de las cunas supermolonas de diseño superchuli no permiten esto (aparte de que a veces no hay espacio en la habitación de los padres para meter nada más) y hay una fortísima presión social contraria a dormir junto al niño incluso en su propio colchón. Las críticas tienen una base variopinta pero escasamente científica:
-El niño se despierta más veces, como si sacarlo de la habitación le hiciera dormir del tirón mágicamente.
-Limita las relaciones sexuales de los padres (por lo visto las parejas que acaban de tener un recién nacido tienen una vida sexual de los mas activa y apasionante, y yo sin enterarme).
-El niño se acostumbra y ya no hay quien lo saque de la habitación.
Así que en vez de optar por la opción que facilita más las cosas, muchos padres se sienten "impulsados" a elegir la opción que no facilita más sus noches.
Personalmente el colecho me parece la opción más intuitiva (en la acepción "animal" del término) de cuidar a un recién nacido por la noche y de lejos, la opción más económica y cómoda para los padres. Gracias al colecho, la madre no tiene que encender la luz ni levantarse de la cama para atender a su hijo, ni siquiera para darle de comer, ni arroparle ni nada por el estilo. De hecho, no tiene ni que abrir el ojo: medio amodorrada, puede dar el pecho tumbada mientras dormita. Con frecuencia, al día siguiente no se acuerda con claridad del número de tomas nocturnas que ha hecho el niño porque el estado de adormilamiento le ha impedido contarlas.
El colecho con las camas en tándem es más seguro pero reconozcámoslo: la madre puede acabar harta de trasladar al niño hasta su camita, el niño dormido a la teta se puede despertar en el breve trayecto, y las más de las veces el niño acaba pegado a la madre por pereza de ésta y la cama en tándem amanece vacía.
En el caso de parto múltiple, si a alguien se le ocurre una opción más cómoda y que garantice más descanso para dar el pecho de noche a dos bebés que no sea el colecho, que me lo diga y le invito a una mariscada por su ingenio e inventiva.
Así que no hace falta tampoco recurrir a recomendaciones antropológicas sobre el asunto: el colecho es un recurso egoísta para mejorar la calidad de las noches de los padres. No hay lloros ni gritos: a la que el angelito se rebulla un poco, teta y en paz. Se entera la madre medio adormilada y el padre duerme del tirón.
AHORA BIEN
El colecho también tiene sus inconvenientes:
-Temas de seguridad: hay peligro real de asfixiar o aplastar al recién nacido, cuando es muy pequeño y no tiene movilidad. Es frecuente que una madre tenga miedo de ponerlo en práctica las primeras semanas, pero en cuanto se prueba el miedo se diluye. El propio ritmo de despertares del bebé garantiza que el cuidador no pueda dormirse demasiado profundamente, y la madre ya pondrá cuidado en alejar al niño de su cuerpo o alejarse ella una vez finalizada la toma y vuelto a dormir. El colecho se puede practicar con unas sencillas normas de seguridad que son de perogrullo. Yo añadiría que si la madre es un mirlo blanco capaz de dormirse mmmmuuyyy profundamente en pocos minutos tenga especial cuidado, por si se duerme demasiado profundamente con el niño al pezón y se inclina peligrosamente hacia él. Ídem si los padres se mueven mucho al dormir.
-Pasado el primer mes, cuando el niño empieza a patalear para cambiar su posición, la percepción de riesgo cambia y la madre está confiada en no aplastar a su hijo, pero empieza a tener restricciones de movilidad. De hecho aunque la madre se aleje o se gire tras la toma, el niño pataleará para acercarse cual oruga a su madre y pegarse a ella como un toffee. Con un solo niño, pase, pero con dos niños pegados a cada lado os podeis imaginar que la madre se ve obligada a dormir en posturas muy forzadas y con escasa libertad de movimientos, y eso es un inconveniente para conciliar el sueño si se está acostumbrado a moverse mucho de noche, o a dormirse en una postura muy determinada.
-Pasados los seis meses, el niño deja de despertarse tanto por auténtica hambre y empieza a notarse claramente que a veces sólo desea calmarse succionando. Aparte suele haber un brote de despertares a partir de los 8-9 meses. La situación empieza a volverse insostenible y si la madre entra en crisis de cansancio puede ser necesaria revisar la opción del colecho o plantearse el destete nocturno.
-El paso a dormir en la cuna, en la cama o en otra habitación es una trabajo que no por haberlo retrasado lo vamos a evitar, aunque el mayor avance madurativo del niño llegado ese momento lo puede facilitar. Si el niño ya es mayor (más de dos años por ejemplo) , se le pueden "vender" las ventajas de dormir solo en su habitación especial, o se puede negociar una solución conciliadora. Lo normal es que el niño se niegue a cambiar "sus sanas costumbres" y haya que actuar poco a poco (plan Padre, y otros métodos respetuosos de cambiar la rutina de sueño del bebé).
Muchos detractores del colecho se escudan en este paso para no ponerlo en práctica: "es que se acotumbra y luego cuesta sacarlo de la habitación". No deja de ser cierto pero me parece incongruente que eso se vea como un problema cuando después
a)acostumbramos el chupete a los niños y luego montan el espolio cuando pretendemos quitárselo.
b)acostumbramos al niño a los pañales y luego supone un trabajo educarle en el control de los esfínteres
c)acostumbramos al niño a beber líquidos en biberón y luego tarda un montón en aprender a usar vaso
d)acostumbramos al niño a la textura muy fina de los potitos comerciales y luego cuando le intentamos dar una textura grumosa o comida sin triturar dice que "pa' tí".
Vamos, que acostumbramos a los niños a muchas cosas y después supone un esfuerzo "reeducarles", pero lo hacemos así por nuestra comodidad y facilidad en la crianza.Eso sí, siempre es más fácil reeducar a un niño a nuevas costumbres cuando su estado madurativo lo permite, y será más fácil pretender que un niño duerma alejado de sus cuidadores y de un tirón cuanto mayor sea el niño, no cuando tenga pocos meses!!!
La OMS reconoce que el colecho facilita la lactancia porque todo lo que ayude a que la madre no viva las tomas nocturnas con tanta pesadumbre, hará que la lactancia se alargue. Es una perogrullada del calibre 12.
Cuanto más descansada esté la madre y menos trabajo le supongan las tomas nocturnas, menos tentaciones tendrá de pasarse al biberón esperando que se obre la magia de que "con biberón los niños duermen del tirón" (ainns, puede que se reduzcan los despertares, pero los seguirá habiendo y serán más incómodos...). Y menos tentaciones de hacerle caso al Estivill como solución desesperada.
En definitiva: recomiendo probad el colecho sin prejuicios ni miedos, y si encontrais que existe una opción más cómoda para atender al niño de noche sin que la lactancia se vea afectada,estupendo.
En una próxima entrada entraré más en detalle de cómo me las apañaba yo en las tomas nocturnas de mis mellizos, colechando.
para la madre, que no puede dormir de seguido, pero deseables para el niño y la lactancia.
Cuantas más tomas haga la criatura, más alimento que se mete para el cuerpo, para tranquilidad de todos. por otro lado, la demanda nocturna garantiza la buena producción de leche durante el día.
Cuando la madre trabaja y no se puede estimular el pecho cada dos o tres horas durante el día, las tomas nocturnas ayudan a mantener la producción en buenos niveles.
Pero está claro que esto de dormir intermitentemente es insostenible a largo plazo, sobre todo si la mujer tiene que madrugar para trabajar fuera de casa al día siguiente.
Quien tenga la fortuna de conciliar fácilmente el sueño, porque sea de las que caen como troncos, o porque el niño no se despierta demasiado, o el marido no ronca, podrá dormir algo entre toma y toma y a lo mejor es suficiente para estar fresca cual lechuga al día siguiente.
Pero lo normal es que la madre no tenga tan fácil conciliar el sueño entre toma y toma y sus noches transcurran en un estado de insomnio permanente, que solamente se puede aguantar gracias a la paciencia descomunal que tiene una madre. Descansar se descansa, es evidente, porque como decía mi abuelo: "la cama es como un prao: si no estás dormido al menos estás tumbao". Pero no se descansa igual que con una noche de sueño profundo.
Las noches es uno de los aspectos que peor se llevan de la crianza, y hay diferentes estrategias para amoldarse a la situación. Una, es forzar al ninñ a que duerma del tirón, aunque vaya en contra de su propio proceso madurativo y le cause sufrimiento ("método Ferber o Estivill" y subvariantes).
Otra es simplemente aguantar el tirón y despertarse las veces que haga falta para atender al niño en lo que necesite (hambre, sed, calor, frío, brazos...).
El imperio de la puericultura de influencia anglosajona ha hecho que veamos como situación normal que el recién nacido duerma en una habitación alejada de los padres (eso sí, con profusión de elementos decorativos infantiles "para que esté a gusto"). Claro, levantarse tantas veces de la cama, encender la luz, ir a la otra habitación, atender al niño , y volver a la cama, rompe totalmente el sueño de los padres y en poco tiempo resulta insostenible, si eso se tiene que hacer un promedio de tres o cuatro veces por noche. En el caso de madres múltiples, multiplicad por dos los despertares (y ya no quiero imaginarme el caso de trillizos) y el resultado será una noche infernal. Pretender sobrellevar las tomas nocturnas con el niño en otra habitación no parece la mejor opción.
Por eso mucha gente acaba rindiéndose a la evidencia de que es mejor poner la cuna o camita del niño en la habitación de matrimonio (cohabitación), al menos durante los primeros meses, aunque no todos caen en la cuenta de que para que la situación sea realmente cómoda, la cuna o camita tiene que estar anexionada lo más posible a la cama de matrimonio (colecho en tándem), o de lo contrario hay que levantarse igualmente.
Lamentablemente muchas de las cunas supermolonas de diseño superchuli no permiten esto (aparte de que a veces no hay espacio en la habitación de los padres para meter nada más) y hay una fortísima presión social contraria a dormir junto al niño incluso en su propio colchón. Las críticas tienen una base variopinta pero escasamente científica:
-El niño se despierta más veces, como si sacarlo de la habitación le hiciera dormir del tirón mágicamente.
-Limita las relaciones sexuales de los padres (por lo visto las parejas que acaban de tener un recién nacido tienen una vida sexual de los mas activa y apasionante, y yo sin enterarme).
-El niño se acostumbra y ya no hay quien lo saque de la habitación.
Así que en vez de optar por la opción que facilita más las cosas, muchos padres se sienten "impulsados" a elegir la opción que no facilita más sus noches.
Personalmente el colecho me parece la opción más intuitiva (en la acepción "animal" del término) de cuidar a un recién nacido por la noche y de lejos, la opción más económica y cómoda para los padres. Gracias al colecho, la madre no tiene que encender la luz ni levantarse de la cama para atender a su hijo, ni siquiera para darle de comer, ni arroparle ni nada por el estilo. De hecho, no tiene ni que abrir el ojo: medio amodorrada, puede dar el pecho tumbada mientras dormita. Con frecuencia, al día siguiente no se acuerda con claridad del número de tomas nocturnas que ha hecho el niño porque el estado de adormilamiento le ha impedido contarlas.
El colecho con las camas en tándem es más seguro pero reconozcámoslo: la madre puede acabar harta de trasladar al niño hasta su camita, el niño dormido a la teta se puede despertar en el breve trayecto, y las más de las veces el niño acaba pegado a la madre por pereza de ésta y la cama en tándem amanece vacía.
En el caso de parto múltiple, si a alguien se le ocurre una opción más cómoda y que garantice más descanso para dar el pecho de noche a dos bebés que no sea el colecho, que me lo diga y le invito a una mariscada por su ingenio e inventiva.
Así que no hace falta tampoco recurrir a recomendaciones antropológicas sobre el asunto: el colecho es un recurso egoísta para mejorar la calidad de las noches de los padres. No hay lloros ni gritos: a la que el angelito se rebulla un poco, teta y en paz. Se entera la madre medio adormilada y el padre duerme del tirón.
AHORA BIEN
El colecho también tiene sus inconvenientes:
-Temas de seguridad: hay peligro real de asfixiar o aplastar al recién nacido, cuando es muy pequeño y no tiene movilidad. Es frecuente que una madre tenga miedo de ponerlo en práctica las primeras semanas, pero en cuanto se prueba el miedo se diluye. El propio ritmo de despertares del bebé garantiza que el cuidador no pueda dormirse demasiado profundamente, y la madre ya pondrá cuidado en alejar al niño de su cuerpo o alejarse ella una vez finalizada la toma y vuelto a dormir. El colecho se puede practicar con unas sencillas normas de seguridad que son de perogrullo. Yo añadiría que si la madre es un mirlo blanco capaz de dormirse mmmmuuyyy profundamente en pocos minutos tenga especial cuidado, por si se duerme demasiado profundamente con el niño al pezón y se inclina peligrosamente hacia él. Ídem si los padres se mueven mucho al dormir.
-Pasado el primer mes, cuando el niño empieza a patalear para cambiar su posición, la percepción de riesgo cambia y la madre está confiada en no aplastar a su hijo, pero empieza a tener restricciones de movilidad. De hecho aunque la madre se aleje o se gire tras la toma, el niño pataleará para acercarse cual oruga a su madre y pegarse a ella como un toffee. Con un solo niño, pase, pero con dos niños pegados a cada lado os podeis imaginar que la madre se ve obligada a dormir en posturas muy forzadas y con escasa libertad de movimientos, y eso es un inconveniente para conciliar el sueño si se está acostumbrado a moverse mucho de noche, o a dormirse en una postura muy determinada.
-Pasados los seis meses, el niño deja de despertarse tanto por auténtica hambre y empieza a notarse claramente que a veces sólo desea calmarse succionando. Aparte suele haber un brote de despertares a partir de los 8-9 meses. La situación empieza a volverse insostenible y si la madre entra en crisis de cansancio puede ser necesaria revisar la opción del colecho o plantearse el destete nocturno.
-El paso a dormir en la cuna, en la cama o en otra habitación es una trabajo que no por haberlo retrasado lo vamos a evitar, aunque el mayor avance madurativo del niño llegado ese momento lo puede facilitar. Si el niño ya es mayor (más de dos años por ejemplo) , se le pueden "vender" las ventajas de dormir solo en su habitación especial, o se puede negociar una solución conciliadora. Lo normal es que el niño se niegue a cambiar "sus sanas costumbres" y haya que actuar poco a poco (plan Padre, y otros métodos respetuosos de cambiar la rutina de sueño del bebé).
Muchos detractores del colecho se escudan en este paso para no ponerlo en práctica: "es que se acotumbra y luego cuesta sacarlo de la habitación". No deja de ser cierto pero me parece incongruente que eso se vea como un problema cuando después
a)acostumbramos el chupete a los niños y luego montan el espolio cuando pretendemos quitárselo.
b)acostumbramos al niño a los pañales y luego supone un trabajo educarle en el control de los esfínteres
c)acostumbramos al niño a beber líquidos en biberón y luego tarda un montón en aprender a usar vaso
d)acostumbramos al niño a la textura muy fina de los potitos comerciales y luego cuando le intentamos dar una textura grumosa o comida sin triturar dice que "pa' tí".
Vamos, que acostumbramos a los niños a muchas cosas y después supone un esfuerzo "reeducarles", pero lo hacemos así por nuestra comodidad y facilidad en la crianza.Eso sí, siempre es más fácil reeducar a un niño a nuevas costumbres cuando su estado madurativo lo permite, y será más fácil pretender que un niño duerma alejado de sus cuidadores y de un tirón cuanto mayor sea el niño, no cuando tenga pocos meses!!!
La OMS reconoce que el colecho facilita la lactancia porque todo lo que ayude a que la madre no viva las tomas nocturnas con tanta pesadumbre, hará que la lactancia se alargue. Es una perogrullada del calibre 12.
Cuanto más descansada esté la madre y menos trabajo le supongan las tomas nocturnas, menos tentaciones tendrá de pasarse al biberón esperando que se obre la magia de que "con biberón los niños duermen del tirón" (ainns, puede que se reduzcan los despertares, pero los seguirá habiendo y serán más incómodos...). Y menos tentaciones de hacerle caso al Estivill como solución desesperada.
En definitiva: recomiendo probad el colecho sin prejuicios ni miedos, y si encontrais que existe una opción más cómoda para atender al niño de noche sin que la lactancia se vea afectada,estupendo.
En una próxima entrada entraré más en detalle de cómo me las apañaba yo en las tomas nocturnas de mis mellizos, colechando.
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